Sobran las palabras

¿En qué queda la preocupación por el cambio climático cuando se ven imágenes que hablan por sí solas? Los sinónimos para describir el horror se repiten uno a uno y el dolor de las millones de personas afectadas también.


Miedo, pánico, violencia, muerte, hedor a podredumbre de los miles de cuerpos arrojados como basura a fosas comunes. El espanto es inconmensurable.


Ayuda humanitaria, peleas y linchamientos por un poco de comida, por un sorbo de agua fresca. Es por este incalificable momento que el mundo mira a Haití, como otrora miró a Indonesia, y antes a otros afectados por las llamadas “catástrofes naturales”.


Pero y qué si esto no es tan solo una catástrofe. Qué si se trata de un consecuencia de la propia mano del hombre, qué, si es un grito de la naturaleza. ¿Somos tan inocentes de lo que nos rodea?


Con frivolidades, hace pocos meses los presidentes de los países más ricos del mundo se reunieron en torno a cómodas mesas, ubicadas en lujosos hoteles de la maravillosa Copenhague.


Allí, donde también hubo representantes del tercer mundo y de organizaciones civiles, se dijo con liviandad No al compromiso que se exigía con el planeta. Se dijo que No a cuidar la única casa que tenemos. No importa la razón precisa, pero se dijo que No.


Los poderosos, con Estados Unidos como siempre a la cabeza, dijeron No a ese compromiso que se les pedía. No por que sí, sino por ser en gran parte responsables de los efectos que sufre actualmente el planeta por inadecuadas acciones.


Este enero de 2010, Haití, el país más carente de América sufre las consecuencias de un terremoto. Un fenómeno que quizás nada tenga que ver con el cambio climático, algo que en realidad parece tan ajeno y solo posible en películas de ciencia ficción. Pero también es posible que si tenga relación. Ni una ni otra se puede descartar.


Pese a las elucubraciones, algo si resulta claro … una vez más los que sufren lejos de los escritorios donde se toman las grandes decisiones, los que padecen los peores designios son los más vulnerables, los más desprotegidos, los más pobres.

Foto AFP

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