El niño con cara de adulto

Me reconcilié con Joaquín Sabina, y él con Montevideo. Es un hecho que su voz está cascada y que el esqueleto no le funciona como antaño. Sin embargo la poesía sigue intacta.


Rodeado de músicos excepcionales y cortejado por su inseparable compinche “Panchito” Varona, Sabina ofreció un espectáculo de lujo, donde -salvo algunos problemas de sonido, ajenos al artista- no faltó nada. Hubo magia, emoción, risas y complicidad. Hubo música y canciones de sus mejores épocas.


Princesa, Nos sobran los motivos, Amor se llama el juego, Sin embargo, Tiramisú de limón, Peces de ciudad, Quién “coño” me ha robado el mes de abril. Temas de Yo, mi, me, contigo, de El hombre del traje gris, de 19 días y 500 noches, de más atrás aún de Viceversa, de Esa boca es mía… ah … tan cerca sentir su voz y su compañía fue una experiencia maravillosa.


Su compañera de voz, Mara Barros, es una perla en bruto. Una mujer con calidez y personalidad, llena del ego que necesita un artista que sabe meterse en el bolsillo -en su primera visita a Montevideo- a todo el público charrúa allí presente. Su performance en “La Magdalena” cerró el pacto. La actuación de ambos fue uno de los momentos más íntimos del espectáculo de la noche del martes 2 de febrero.


El “niño con cara de adulto”, como el mismo se definió, nos regaló su poesía, un malestar estomacal -importado de Argentina- y la promesa de una canción a Montevideo. De nosotros dijo llevarse amigos como Mario Benedetti y Jaime Roos -presente en el show- y una niña…


Según nos contó “en confianza” esta semana una mujer uruguaya lo encontró por la calle y le dijo: “Esta es mi hija, se llama Magdalena, y es por tu canción”. Satírico como suele serlo en muchas de sus canciones nos contó que le contestó sonriente: “Solo espero que no me salga tan puta”… y se despidió.

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