La redota



Naides es más que naides

El famoso pintor Juan Manuel Blanes recibe en 1884 el encargo de recuperar el rostro de una leyenda. Su fuente son los apuntes de Guzmán Larra, espía español que 70 años antes habría intentado asesinar al caudillo José Artigas. Ese mismo caudillo que, acosado por dos imperios y las intrigas de Buenos Aires, emigró con un pueblo errante y fugitivo, para acampar a orillas del arroyo Ayuí. Sorteando adversidades y en busca de sus destinos, estos tres hombres llegarán a la misma encrucijada: la travesía no tiene un punto de llegada sino apenas un punto de partida.

Este 25 de agosto se conmemora un nuevo aniversario de la Declaración de la Independencia en Uruguay. Una carta pública redactada por el ministro de Relaciones Exteriores, Luis Almagro, repasa -a modo de breve historia resumida- los acontecimientos que marcaron ese episodio en el país.

En lo que me compete, ese fue el disparador para recordar que este 2011, en coincidencia con los festejos del Bicentenario del comienzo de esa gesta libertaria, comenzó el proceso de materialización de un proyecto largamente trabajado que vincula al cine con la historia uruguaya. Y el excelente trabajo que se está realizando se nota. Es muy bueno.

Bajo la dirección del uruguayo César Charlone (Ciudad de Dios, El jardinero fiel, Ceguera, La sociedad de la nieve), La Redota (como se denominó al éxodo del pueblo oriental de 1811) asume el desafío de llevar a la pantalla grande uno de los episodios históricos más importantes.

Cármen Curbelo, integrante del Departamento de Arqueología, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (UdelaR) opinó que La redota debe considerarse y valorarse como un esfuerzo plausible para la reconstrucción de uno de los hechos más significativos de nuestro período de lucha anticolonialista. Es fundamental que la historia de héroes y fechas a la que estamos acostumbrados se vista con personajes de carne y hueso, en la reproducción de sus entornos originales, el conocimiento de su vida cotidiana que involucra desde las vestimentas hasta la relación entre los diferentes grupos sociales y étnicos. Es otra forma de narrar y de que la sociedad toda deje de imaginar para ver, vivir y nutrirse de situaciones que reproducidas en una recreación bien documentada, dan cuenta de hechos que sucedieron e involucraron a muchas más personas que solo al héroe patrio”.


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