En escena



La movida en Uruguay en torno al ballet recibió una bomba de oxigeno hace dos años. El Sí que dio Julio Bocca a dirigir la Compañía Nacional de Danza del país fue la razón principal para ese logro, pero no el único.

Después de dos años de trabajo, el director artístico y la compañía siguen atrapando al público. Y si bien, el esfuerzo de algunos se nota más que el de otros sobre el escenario, el resultado conjunto es maravilloso.

El pasado mes de junio, con el lanzamiento de la III Gala del Ballet Nacional del Sodre, todo esto se confirmó otra vez con el espectáculo Tudor-Duato-Intahamoussu. Las tres piezas marcan una transición entre la danza clásica y la moderna con delicadeza. Son tres fragmentos de más de un siglo de historia, disfrutables en poco más de una hora de espectáculo.

La maestría de algunos bailarines sobre el escenario es admirable en la más clásica de las piezas, Tudor, el elegido para abrir la gala. El final, con música del compositor Jorge Drexler y coreografía de Martín Intahamoussu, aportó frescura, color y fusión de ritmos rioplatenses. Pero fue con la obra coreografiada por el ex director de la Compañía Nacional de Danza española, Nacho Duato, cuando la conmoción llegó a escena. 

La delicadeza de los movimientos, mezclados con imágenes sugerentes de los propios bailarines tiñó el espacio de un aura mágica, ofreciendo un espectáculo sencillo, despojado y penetrante.

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